¿Sabemos relacionarnos con nuestras emociones?
¿Qué son las emociones?
Empecemos por el principio. ¿Qué es una emoción?
Aunque no existe un consenso claro en su definición, podríamos decir que una emoción es una reacción psicológica y fisiológica ante un estímulo externo (una situación, un comentario, …) y/o interno (un recuerdo, nuestro diálogo interno …). Cuando decimos que son psicológicas y fisiológicas nos referimos a que ocurren en dos planos: mente y cuerpo.
Las emociones son nuestras mensajeras. Nos envían información sobre algo que nos ocurre, algo que necesitamos, algo que nos gustaría …
La sociedad hiper racional
Vivimos en una sociedad hiper racional que funciona muy bien en lo cognitivo, pero se siente algo perdida en lo emocional. Esta desconexión con nuestras emociones hace que resulte complicado identificarlas y atenderlas. En consecuencia: confusión, sensación de vacío, dificultades para dormir, excesivo o ausencia de apetito … El cuerpo nos envía señales, pero tenemos que detenernos a escucharlas en su lenguaje emocional.
El lenguaje de las emociones
Las emociones se expresan en el cuerpo. Un ejemplo: cuando sentimos vergüenza, enseguida se nos sonrojan las mejillas o empezamos a sentir mucho calor. Es el cuerpo enviando las señales de que esa emoción se está activando. Posteriormente, desde lo cognitivo la interpretamos: “Claro, este calor que siento significa que estoy nervios@. Cuando me pongo nervios@ siento muchísimo calor.” Es lo que en Psicología denominamos el proceso botton-up (ascendente) mediante el cual la narrativa cognitiva se construye a partir de la información sensorial (por ejemplo, reconocer que tengo vergüenza a partir de las señales corporales).
Cuando vivimos desconectad@s de nuestros cuerpos, nos desconectamos de su sabiduría innata, como dicen Pat Ogden y Janina Fisher.
El primer paso para conectar con las emociones
Parar. Ese es el primer paso. Para y obsérvate. ¿Cómo está tu postura? ¿Cómo te mueves? ¿Tienes sed, hambre, …? ¿Hay ruido en tu mente?
Parar y dar espacio al sentir ya es mucho. Estamos escuchándonos. Muchas personas cuando paran se sienten tremendamente incómodas. Se encuentran con mucho ruido o con un gran vacío. Y entonces evitan. Pero por mucho que eviten, siguen sintiendo. Porque todos sentimos.
El segundo paso para conectar con las emociones
Valida y acepta lo que sientes. Sé que esto puede ser muy complicado. ¿Cómo voy a dar espacio a la tristeza que tanto me hace sufrir? Y yo te pregunto: ¿Cuál es la otra opción, evitarla para que grite más fuerte?
Lo que sentimos, tiene un para qué. A continuación, te explico de forma muy breve algunas de las funciones de nuestras principales emociones.
No existen emociones positivas y negativas. Todas son necesarias. Lo importante es la consecuencia a la que nos lleva la emoción. Por ejemplo, si el miedo que siento cada vez que pienso en conducir me lleva a evitar conducir (y conducir es un medio importante en mi vida porque me permite algo esencial para mí: viajar), la dificultad está en la consecuencia de mi miedo (me impide hacer algo importante en mi vida), no en el miedo en sí.
El tercer paso para conectar con las emociones
Vale, ya he dado espacio y he validado mi emoción. ¿Y ahora qué?
El objetivo de dar espacio a nuestro sentir, no es eliminar lo que no nos agrada, sino aprender a sostenerlo con suavidad. Mi miedo cuando me pongo al volante no necesita exigencia ni reproches, necesita que lo mire y lo atienda: ¿Qué pasa dentro de mí que cada vez que me pongo al volante siento una opresión en el pecho tan grande que no puedo respirar? ¿De qué me asusto? ¿Tengo miedo de no tener todo bajo control? ¿De no ser capaz? ¿Cómo puedo ayudarme con esto que siento?
La compasión con nosotr@s es el tercer ingrediente clave. Cuida de lo que sientas, escúchalo con paciencia … ¿Hay algún mensaje más profundo debajo de esto que siento?
¿Cómo es la relación con tus emociones?
¿Cómo vivo mi mundo emocional? ¿Doy espacio a lo que siento? ¿O solo a ciertas emociones? ¿Cuáles son las emociones que más me cuesta sentir? ¿Por qué me resulta más complicado dar espacio a esas emociones?
Indagar en la relación con nuestras emociones es un aspecto clave que exploramos en terapia. No nacemos aprendidos. Aprendemos a relacionarnos con nosotr@s mism@s y con el mundo que nos rodea a través de nuestros vínculos de apego. Si mi figura de apego se enfadaba conmigo cada vez que estaba triste, puede que la relación con mi tristeza haya quedado influida por esa invalidación. Y ahora soy yo la/el que me invalido cuando estoy triste (“qué exagerad@“, “hay personas con problemas mayores”, “llorar es de cobardes”, “hay que ser fuerte”) porque he construido creencias invalidantes alrededor de la tristeza.
El trabajo en terapia
Un aspecto clave que abordamos en terapia es la relación que tiene la persona con su mundo emocional. Estos patrones automáticos e inconscientes influyen en la forma en la que vivimos las vicisitudes de la vida.
Recordemos, las emociones son nuestras aliadas y por tanto nos ayudan a tener una vida plena y significativa cuando aprendemos a convivir de forma amable con ellas.
Referencias bibliográficas
López, R. (2023). Guía de gestión emocional. Cómo sentir todo lo que no nos han enseñado a sentir. Vergara.
Ogden, P. Y Fisher, Y. (2016). Psicoterapia Sensoriomotriz. Intervenciones para el trauma y apego 2ed. Desclée De Brouwer.
Sara Pavón Calvo.
Psicóloga General Sanitaria con especialización en Neuropsicología Clínica.