El proceso de terapia no es lineal

La terapia no busca solo eliminar síntomas, sino entender su origen y función. Aunque sea un proceso complejo y a veces doloroso, conduce a un crecimiento profundo cuando logramos conectar con nuestras emociones y darles espacio.

Un proceso de terapia psicológica es algo muy complejo. De primeras, podemos pensar que una persona solicita ayuda porque tiene una necesidad (generalmente, siente un malestar que no sabe cómo gestionar y por ello pide ayuda). En general, las personas que acuden a terapia esperan un proceso lineal, es decir, comienzan con X sintomatología y esperan que esa sintomatología vaya mitigando hasta que se encuentren bien y decidan cesar la terapia. Sin embargo, el proceso es mucho más profundo (y también más bonito y enriquecedor). El objetivo de la terapia no es eliminar el síntoma como tal. Porque ese síntoma está ahí por algo.

El objetivo de la terapia es conocer el síntoma, su origen y función. Pongamos el ejemplo de una persona que acude a consulta por insomnio. Si nos centramos como primer objetivo en eliminar el insomnio, es probable que la persona comience a presentar otro tipo de sintomatología o que directamente continúe sufriendo insomnio. El síntoma siempre sale por algún lado cuando no exploramos y abordamos lo que está por debajo. Siguiendo con este ejemplo, quizás lo que puede estar pasando es que esa persona no conecta con sus emociones a lo largo del día y es en el momento de irse a dormir cuando, ante la falta de estímulos distractores (por ejemplo, el trabajo, las tareas de la casa …), comienza a ponerse a pensar y quizás a sentir todo aquello que no ha sentido a lo largo del día. El objetivo aquí será que la persona aprenda a dar espacio a sus emociones (identificarlas, validarlas y regularlas). Y cuando esto ocurra el insomnio probablemente irá desapareciendo porque ya no tendrá esa función.

Como ves, este proceso no es sencillo. Implica ir buceando junto con el paciente por debajo de esa punta del iceberg (el síntoma). Y además de que no es sencillo, no es lineal. En algunas sesiones, el paciente sentirá que todo cobra sentido, se sentirá muy conectado con lo trabajado en la sesión, mientras que quizás en otras sesiones se sentirá confuso o incluso removido ya que, claro, bucear por debajo de la punta del iceberg (es decir, ir más allá del síntoma) no es cómodo. Conecta con el dolor. 

Sin embargo, después de pasar por muchas subidas y bajadas a lo largo de la terapia, todo cobra sentido. Llega un momento en el que las piezas comienzan a encajar. Ya no es solo que lo que se plantea en la terapia tenga una coherencia a nivel racional (“entiendo lo que dices, la teoría me la se”), sino que también comienza a tener una coherencia emocional (“ahora sí que lo veo, he hecho click”). Y todo comienza a ordenarse.

Y así, te das cuenta de que incluso cuando no entendías lo que ocurría, cuando dolía, cuando te frustrabas … todo, absolutamente todo, te estaba haciendo crecer.

Scroll al inicio