¿Cuánto control tenemos sobre lo que pensamos?
Nuestro cerebro funciona las 24 horas del día. Si alguien tomase nota de cada uno de nuestros pensamientos, nos daríamos cuenta de que la mayoría de ellos son automáticos, repetitivos, están distorsionados, hablan del pasado o futuro o son meras fantasías.
¿Qué es la rumiación?
Un motivo de consulta en psicología muy frecuente es el sufrimiento y desgaste físico y emocional que muchas personas experimentan a consecuencia del exceso de pensamiento.
“Ojalá pudiera apagar mi cabeza un rato” “mi mente funciona como una lavadora” “aunque quiera dejar de pensar en eso, no puedo” son algunos de los comentarios que comparten los pacientes conmigo en mi consulta de psicología en Bilbao.
Esto es lo que conocemos como rumiación, término que hace referencia a “masticar una y otra vez” los pensamientos (analogía con el comportamiento de las vacas). Cuando una persona rumia, repite, evalúa y analiza una y otra vez las mismas situaciones del pasado desde una actitud pasiva (no lleva a la toma de decisiones activa) y aparentemente de forma involuntaria (de repente la persona se da cuenta de que lleva un buen rato dándole vueltas y vueltas al mismo tema).
Esta rumiación suele estar repleta de sobre interpretación, sesgos, catastrofismos y negatividad. Además, no tiene fin. Es un bucle repetitivo e interminable de pensamientos que se van ramificando, envolviendo a la persona en una espiral infinita. El sufrimiento que acompaña a la rumia es evidente. La persona se ve inmersa en un bucle de pensamientos que desgasta su energía afectando a su calidad de vida.
¿Para qué rumiamos?
A nivel evolutivo, rumiar puede que nos haya permitido analizar, anteponernos a futuros peligros, entender …Recordemos que nuestra mente y cuerpo buscan la supervivencia, por tanto, rumiar para entender y protegernos para el futuro parece que puede tener cierto sentido, ¿verdad?
De alguna manera, nos devuelve la sensación de control. Si le doy vueltas y vueltas a este tema que tanto me preocupa (por ejemplo, por qué el otro día mi compañero de trabajo estaba tan serio conmigo) tendré más éxito de entender qué le ocurre (¿será que tenía mal día? ¿quizás tenía algún problema conmigo?) y así podré tener la sensación de afrontarlo mejor.
Encontrar lógica a lo que nos ocurre es algo muy reforzante para el ser humano. Esa puede ser una de las razones por las que, en parte al menos, rumiar engancha tanto (de vez en cuando me lleva a tener una explicación).
Por otro lado, la rumiación puede funcionar como mecanismo de defensa frente a emociones incómodas/desagradables de sentir. Si le doy vueltas una y otra vez a por qué mi compañero de trabajo estaba tan serio conmigo, me quedo en el plano racional y no conecto con lo que eso me hace sentir a nivel emocional (¿quizás enfado o tristeza?).
Hay autores que postulan que estos dos reforzadores (genera coherencia y evita el malestar) pueden hacer que la rumia se convierta en un hábito, apareciendo así de forma automática en determinados contextos (por ejemplo, cuando me siento triste).
Consecuencias de la rumiación
La rumiación puede provocar un gran malestar en la persona. Son muchos los recursos (atencionales, tiempo, energía …) que la persona dedica a darle vueltas una y otra vez a pensamientos negativos y distorsionados. De hecho, la rumiación es un proceso que suele aparecer con frecuencia en la depresión.
Además, rumiar implica una actitud generalmente pasiva. Es decir, no nos permite afrontar de forma activa y resolutiva la situación.
¿En qué se diferencia la rumia mental de la reflexión?
Rumiar no es lo mismo que reflexionar. Mientras que la rumiación tiene una naturaleza pasiva, repetitiva y negativa, la reflexión es un proceso mucho más profundo y enriquecedor en el que se valoran aspectos importantes para afrontar de forma activa una situación.
Algunas claves para abordar la rumiación
Paso 1. Tomar conciencia
A menudo la rumiación es un proceso automático (se convierte en hábito). Identificarlo es el primer paso. Preguntarte acerca de la utilidad de lo que estás pensando puede ser clarificador (¿darle tantas vueltas a este tema realmente me va a ayudar a tomar acción?, ¿cómo me hace sentir darle tantas vueltas a este tema?). Además, identifica el tipo de lenguaje que está empleando la rumia (catastrófico, negativo, …).
Paso 2. Volver al momento presente
¿Qué está pasando aquí y ahora? ¿Hay ruido en mi mente? ¿Cómo está mi cuerpo?
Paso 3. Conectar con la emoción
¿Por qué le estoy dando tantas vueltas a este tema? ¿Qué es lo que siento? ¿Qué esconde la rumia?
El trabajo en terapia
Como os comentaba al principio, la rumia es un motivo muy frecuente por el que muchas personas deciden iniciar terapia.
Si sientes que la rumia se está apoderando de tu bienestar, la terapia puede ser un espacio en el que explorar qué hay debajo de tanto pensamiento para que aprendas a convivir contigo de forma más amable.
Referencias bibliográficas
Maero, F. (12 de enero 2023). La rumiación como hábito. Grupo ACT.
Sara Pavón Calvo.
Psicóloga General Sanitaria con especialización en Neuropsicología Clínica.